El burlesque y el placer como resistencia
- blushrubor
- 2 jul 2025
- 3 min de lectura

Este va a ser un artículo muy autorreferencial, bastante alborotado y con muchas contradicciones, y pido perdón por eso de antemano. Pero creo que los conceptos que quiero plantear van a quedar mejor plasmados si los asocio con hechos de la vida real (en este caso, mi vida). Hoy quiero hablar sobre como el burlesque es resistencia en un mundo que nos quiere mecánicas y al servicio. Hace tiempo me puse a reflexionar sobre mi vida. Fui criada como una minita (si no sos de Argentina, minita significa mujer). Me criaron como niña bien, como princesa, con toda la hegemonía de una mujer cis. Me incentivaron a ser ultrafemenina, comportarme como señorita y no molestar mucho. Y yo fui muy obediente. De hecho, soy muy obediente hasta cierto punto, pues todavía encuentro mucho disfrute y muchas ventajas en ser una “mina bien”. Hoy logré rescatar de la feminidad lo que más me atrae, pero eso es tema para otro post. A lo que voy con este relato de mi crianza, es que a muchas de nosotras nos crían para tener un rol bastante pasivo en el mundo de las decisiones. Nuestro mundo activo está en otro lado (en la belleza, en la crianza, en ser esposas y amas de casa). Pero el mundo decisivo es masculino. ¿Y qué pasa cuando una mujer sale al mercado laboral? Te chocás con una pared. Te das cuenta que esa feminidad que construiste en este mundo no te va a servir. Y que tenés que adaptarte a un mundo masculino, frío y utilitario. Que tenés que trabajar contrareloj, ponerte rígida, dejar de lado tus emociones para poder ser funcional al trabajo masculino. Tenés que adaptarte a la mirada y a los valores masculinos para serles útiles. Esto aplica para muchos trabajos, como trabajos en la academia, en la tecnología, en finanzas, en leyes, en salud, e incluso en el trabajo sexual. Seguramente alguna vez entraste a una página porno y sentiste que esos vídeos se sentían completamente ajenos a lo que vos querías de la sexualidad. Cuando veo mujeres actuando en esos vídeos porno hechos para la mirada masculina, no veo disfrute. Lo que me molesta del trabajo sexual hecho para el varón, es que cuando una trabaja en un ambiente y mercado masculinizado, te ves obligada a desconectarte de tu placer. El goce de una mujer no es valorado. La sensibilidad tampoco. La humanidad se pierde. Ahora si hablamos de burlesque, la cosa cambia. En el burlesque las mujeres somos libres de crear, de desplegar nuestros sentimientos y fantasías más profundas. En el burlesque las mujeres somos libres de sentir placer. El burlesque es disruptivo porque es un escape del sistema masculinizado en el que vivimos. El burlesque nos permite hacer de nuestra sexualidad y erotismo, lo que quieramos. El burlesque nos hace más humanas, porque el burlesque no conoce de tiempos, ni de juicios ni de reglas. El burlesque nos permite jugar. Creo que no hay una disciplina tan maleable como esta. Y eso es una virtud. El burlesque es como la plastilina, se puede romper, moldear, pegar y construir como quieras. En un mundo que nos quiere lo más alejadas posible del placer, alienadas de nuestros cuerpos, anestesiadas y al servicio del capitalismo, ser gozosas, hacer uso de nuestro capital erótico como quieramos y sentir placer es resistencia. En un mundo deshumanizado, el burlesque es resistencia.


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